Bones, skulls and candles.

AeliaAelia
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Bones, skulls and candles.

Huesos, calaveras y velas en un cuarto de muebles viejos, iluminado por una luz tenue. Las llamas en vaivén dibujaban en las rústicas paredes de piedra y barro sombras danzantes, inquietas. Sus cabellos rojos —mojados, desenmarañados— dejaban caer pequeñas gotas que, al tocar el suelo, hacían trabajar al eco. Le reconocí; tan solo una fracción de segundo me tomó hacerlo.

En una esquina estaba aquella figura. Antes de que pudiera emitir sonido alguno, volteó, mostrando una mirada desconcertada… o lo que hubiera sido una mirada, si en sus vacías y oscuras cuencas aún habitaran aquellos hermosos ojos verde-blanquecinos. No esperaba mi presencia en ese lugar sombrío, tan alejado de todo lo que me era conocido. Huesos, calaveras y velas.

Tan solo un segundo estuve allí y volví a mi realidad. Abracé con mis piernas a mi amante, jalé sus cabellos, me aferré a su cuerpo, degustando los últimos espasmos que recorrían mi piel. El tiempo se volvió espeso. El ensordecedor sonido de nuestras respiraciones agitadas hacía presión en mis oídos y yo solo podía recordar: huesos, calaveras y velas.

En aquel trance inesperado, tan real como un cuerpo humano, tuve visiones de una existencia intangible, ferozmente perceptible, que siempre estuvo allí. Huesos, calaveras y velas.



E version. 

Bones, skulls and candles in a room of old furniture, lit by a dim light. The flickering flames drew dancing, restless shadows on the rustic stone and mud walls. His red hair—wet, tangled—let fall small drops that, upon hitting the floor, set the echo to work. I recognized him; it took me only a fraction of a second to do so.

In a corner stood that figure. Before I could make a sound, he turned, showing a bewildered look… or what would have been a look, if those beautiful white-green eyes still inhabited his empty, dark sockets. He did not expect my presence in that somber place, so far from everything known to me. Bones, skulls, and candles.

I was there for only a second before returning to my reality. I wrapped my legs around my lover, pulled his hair, clung to his body, tasting the last spasms running through my skin. Time became thick. The deafening sound of our heavy breathing pressed against my ears, and I could only remember: bones, skulls, and candles.

In that unexpected trance, as real as a human body, I had visions of an intangible existence, fiercely perceptible, that was always there. Bones, skulls, and candles.

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