Elf 1

Pasados dos días de caminata por aquel sendero, llegamos a un gran valle con flores de las más peculiares. El cansancio no permitía que me detuviera a contemplar el lugar, puesto que la sed inundaba mis pensamientos. Estaba tratando de encontrar al menos un pequeño charco, aunque fuese formado por el rocío de la noche, cuando un pequeño eco empezó a resonar en mi mente.
Enseguida, mi vista se nubló y todo empezó a ponerse pálido, como si los rayos del sol intentaran traspasar mis párpados. El eco era como un crescendo en mi mente y cada vez era más claro. Sí, era una voz; una voz femenina, firme y cargada de autoridad. Pero, aun así, no entendía qué quería decir.
Y de repente, en mi mente se hizo luz. Una luz blanca, como si yo mismo hubiera entrado de cuerpo entero por las puertas de la gloria.
Y de esa luz salió ella.
Su piel era casi tan blanca como aquella claridad. Sus prendas parecían hechas del lino más fino. Sus orejas terminaban en puntas, pero poseían una perfección imposible de imitar incluso para los mayores escultores de todo MithGar. Su cabello, negro y largo, juraría que le cubría los pies.
Pero su mirada... su mirada era más profunda que los abismos. Con ella me hacía sentir desnudo, y tan solo intentar verla a los ojos me avergonzaba.
Y en una lengua que pude entender, ella me dijo:
—No temas, pasajero perdido. Has entrado en los confines de nuestro dominio, en las tierras de los elfos. Yo soy Arathea, líder y guía espiritual de mi pueblo. He visto gran nobleza en tu andar, y tu corazón no te acusa de maldad alguna. Ven, comparte con nosotros. Cura tus heridas. Aquí estarás protegido de tus perseguidores, de aquellos que buscan tu muerte.
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Espero les guste, y Aguardo sus Comentarios. Con Amor, Cyrano Di Dio.