Herencia de Sombras

Pasa el tiempo y, al hablar de ello, las lágrimas brotan con la misma violencia que si hubiera sido ayer. Me pregunto qué crueldad habré sembrado en otra vida para cosechar este presente.
La culpa sigue ahí, trenzada a mis huesos. Y es que, en lo más profundo, me niego a admitirlo, me resisto a quererlo y, por supuesto, no puedo aceptarlo. Ese es el nudo que me asfixia: la confesión de tan solo una niña que, a pesar de amar y adorar, no logra asimilar que esa vida le pertenece, que esa criatura la necesita.
Si no soy capaz de vencer a mis propios demonios, ¿Cómo pretendo protegerla de los suyos? Si camino con las manos vacías, nada tengo para dar. Si soy solo un vacío, ¿en quién podrá ella confiar?
El día en que se marche, lloraré su ausencia: la de una mujer grande, madura y bella. Y sabré, con un orgullo amargo, que su luz fue el resultado de haber tenido mi oscuridad como el único ejemplo que juré jamás permitirle seguir.
Comentarios (0)
Inicia sesión para dejar un comentario
Iniciar sesiónAún no hay comentarios. ¡Sé el primero en comentar!