Ocho patas...
¡Allí estaba! acurrucada la pequeña alimaña causante de mi molestia.
En el instante en que la vi sobre mi dedo, tan pequeña e indefensa, mi irracional miedo hacia esas criaturas de ocho patas desapareció por completo. Comprendí que si yo — siendo cien veces más grande — le temía, ella viviendo solita sin compañía, tan diminuta, debía de temerme todavía más y aun así durante los últimos meses, fue mi única compañera entre tanta soledad. El malestar que me hacía olvidar mis pensamientos oscuros, por estar pendiente en descubrir qué mierda causaba mi dolor.
Vuelve a tu hogar ahora y quédate allí todo el tiempo que quieras, no seré yo quien termine con tu vida pues no soy capaz tampoco, de acabar con la mía. Vuelve pequeña amiga y duerme nuevamente dentro de mi oreja y sé hasta cuando quieras, la molestia que pone fin a mi agonía.
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Iniciar sesiónMe muero de Amor. Son una ternurita esas arañitas.. que lindo le dediques unas palabras..